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CREDO DEL PRIMATE


Creo en un universo surgido del azar denominado Big Bang, y como desde ese instante el todo ha ido evolucionado hasta llegar a la realidad actual sin la mediación de gestor alguno.

Creo en un derecho a la vida universal, donde todos los animales humanos,  sean iguales ante la vida. Me considero descendiente de la familia de los primates, es mi obligación no renunciar nunca del lado natural de mi existencia.

Basándome en este principio, considero que es mi obligación, respetar las leyes naturales de vida tratando de beneficiarme de las mismas de forma coherente y sana. Procurando en todo lo posible fomentar el buen estado de salud de todos los ecosistemas.

Me dejaré guiar por la Razón como ley fundamental de vida. Defendiendo el mundo en el que vivo, el cual prometo cuidarlo y mimarlo como el mayor de los tesoros. Daré ejemplo a los demás con mi vida diaria y los invitaré a seguirme, siempre que esa sea su voluntad.

Creo que cada persona es dueña de su vida y están en derecho a gozarla de manera independiente a los cánones marcados por la sociedad. Sin tener que ser juzgada por sus preferencias o intereses, considerando el límite de mí libertad allí donde comienza la de mi semejante.

Me ajustaré a las normas de la comunidad en la que habito de manera libre, obedeciendo sus leyes y normas de convivencia. Respetando a sus líderes y ejerciendo mi derecho como persona a colaborar y mejorar la vida de mi pueblo, a través de mi esfuerzo, devoción y talento, pero sin someterme  a la voluntad a la de nadie.

Mi conciencia y el saber ponerme en el lugar del prójimo han de guiar cada uno de mis actos. Aceptando en los demás sus diferencias y virtudes, con el objetivo de que las mías sean respetadas también, sin perjuicio alguno. Considero a los demás iguales míos y fomentaré un respeto mutuo de todas las vidas. Las cuales nunca profanaré por ser propiedad ajena.

            Siguiendo esta norma aplicaré en mi vida las siguientes pautas, bajo mi conciencia y honor:

Nunca mataré por ideales,
no robaré las pertenencias ajenas,
 ya sean de índole física o ideológica,
no profanaré cuerpos ajenos, ni les causaré sufrimientos indeseados.

Puesto que no hay más vida que la presente trataré de llevarme el mayor número de vivencias posibles. Exprimiendo cada día su jugo a través de las experiencias que me proporciona y tanto en el caso de que sean buenas como malas, intentaré vivirlas con dignidad, buscando siempre en la medida de lo posible el lado positiva de cada una. De forma que el día que deba abandonar esta vida lo haga con la seguridad de haberla aprovechado.

Creo en el amor,
la lucidez humana,
la concordia de los pueblos,
la sabiduría de los ilustrados,
mi capacidad por aprender,
y como a través del conocimiento se mejora la calidad de vida.
Creo en mi sana voluntad,
en la honestidad del buen gobernante,
el camino de los guías espirituales,
en el derecho ajeno a profesar cualquier idea religiosa de forma libre e individual.
Creo que hay una vida antes de la muerte,
y mi eternidad fusionada al cosmos.

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