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SABOR A CENIZA


El infierno invade tierra gallega,
como un ejército descorazonado.
Pontevedra es una triste hoguera,
Marcón, Bora, Tenorio, Mosteiro,
entre llantos se están consumiendo.
El Diablo de este pavoroso espanto,
con olor a azufre y sabor a ceniza
purgará en las hogueras del Infierno.
¡Dime, pirómano!, ¿Qué has logrado?
Robar vidas valiosas como amaneceres
sembrar el odiado terror por la aldea,
matar fauna y abrasar flora con dolor
causar pavor en los poblados limítrofes.
Vidas arruinadas por la tragedia humana
familias despedazadas sin la misericordia,
de unos santos que miran para otro lado,
quemándoles todas sus ilusiones florecientes,
humildes espíritus sentenciados al llanto.
¡Renuncio a tu persona como un igual mío,
pues tu alma es un agujero negro,
que contamina a todo aquel que se acerque.
¡Eh, aquí mi protesta!
Que tus huesos se vuelvan agrio veneno,
en una celda oscura, por tu forma de actuar.
Por tu culpa, Galicia arde,
no olvides tu actuación, egoísta ciudadano.

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LOS DIOSES AÑEJOS DE AYER

Se me han despintado los tonos de la firmeza entre ideales oxidados por el paso del tiempo, fui conquistado por una patria sin medianera, que enamoró mi alma deseosa de sentimiento.
Perdí entre las moradas de escombros rancios, los hilos que ataban mi esperanza a lo eterno, extravié mi fervor por los dioses añejos de ayer que de sumisión emperifollaron a mis ancestros.
Puse rumbo por los océanos de la incertidumbre, apremiando esa estela que nos heredan los sabios, descifré entre líneas la veracidad de sus parábolas, trocando toda mi ignorancia en un saber caudaloso.
Seguí los vientos que navegaban hacia el frío blanco, para ver si entre las profundidades de su rocoso hielo, hallaba un núcleo candente que alimentase la razón,
y dejándome cautivar por su maná, matase mi llanto.
José Sergio González Rodríguez.

DECREPITUD

La decrepitud viste de coraza
y cabalga hacia mi cada día
ansiando clavarme su lanza
hasta ahogarme en mi víspera.

La vida recela de mi dicha, mientras velo por mi amada, nuestra unión fue bendecida, sin llevar una carga pesada.
Yo la increpo adornando mi ira, mi mano la niega en bocanada, ¡Es que no acepta ser derrotada! Pues ese el final de toda victoria.
Por seguro en esta vida le sugiero no dar nada.

SE LLAMA VULVA

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