lunes, 9 de septiembre de 2013

¿QUÉ TRANSMITE MI CREACIÓN A LOS DEMÁS?

Escribir un libro es un proceso largo y laborioso, que en ocasiones un cree que tanto esfuerzo no va a ser devuelto plenamente en el resultado final, las expectativas nunca se cumplen, y el resultado siempre te sorprende. Todo padre desea lo mejor para su hijo, espera que haga esto o lo otro, en un ataque de frustracción por la vida, desea que su hijo logré lo que él no consiguió. Nos gustaría que se decantase por esto o lo otro y que nunca siguiese aquel sendero, porque a nosotros no nos parece el apropiado. Queremos que ellos triunfen en lo que nosotros no conseguimos hacerlo. Por suerte, con el paso del tiempo, la vida que es sabia y se encuentra reinada por el azar, acaba poniendo a cada uno en su sitio, con un resultado que nunca es el que esperamos, aunque no por ello, menos loable y digno. Pues bien, con las obras de un artista, en este caso con los libros de un autor, suele pasar algo muy similar. La idea que reina en tu cabeza en el momento de surgir y el resultado final, meses o años después, no se parece en nada al que nos habíamos imaginado, sino que a medida que lo has trabajando, el propio proceso de creación te va marcando el camino a seguir y la obra va adquiriendo vida propia. Debes preguntarle a ella, por donde quiere ir, cuales son sus objetivos, dejar que el paso del tiempo te vaya dictando el proceso que llevará a tu hijo a ocupar un lugar en la sociedad. Tú lo educas, pero al mismo tiempo, él te educa a ti, se trata de un proceso reflexivo en cuyo desenlace, ni autor ni obra, son el mismo que comenzaron a caminar juntos tiempo atrás.
Mi principal preocupación en cualquier obra, por encima del estilo o la temática es la reflexión en valores. Dicho de otra manera; ¿Qué transmite mi creación a los demás?, ¿Será digna de respeto o sinónimo de rechazo?, y lo más importante; ¿Será útil?, o no se trata más que de una vaguedad sin fundamento. Se supone que cuando pasas mucho tiempo y esfuerzo en crear algo, es para expresar tus pensamientos y sentimientos a los demás, con en intencionalidad de entretener o enseñar, pero entonces llegamos a una pieza clave en este rompecabezas ¿Puedo o tengo la capacidad de crear algo nuevo o al menos generar un punto de vista desconocido hasta ahora de algún tema concreto?, porque algo que sí tengo claro, es que no debemos hablar como expertos, de algo en lo que no estamos lo suficientemente formado e informado. Porque entonces, lo único que generamos es basura, es material vacío o dañino en el que ocupamos tiempo y espacio, el nuestro y el de toda aquella persona que se muestre interesada por nosotros. Con las nuevas tecnologías, cualquiera se considera periodista, autor o artista, pero como dicen los profesionales, cuando uno no contrasta las cosas y no se cerciona de que son de la forma que dice o usa las herramientas lingüísticas de mala manera, en lugar de crear, destruye, en lugar de informar, des informa y confunde y como no, más que educar, mal educa. Por ello, antes de comunicar debemos asegurarnos que estamos haciendo algo constructivo y no destructivo. Todo el mundo tiende derecho a expresarse, pero siempre desde el respeto y la formalidad que requiere un acto como éste. De lo contrario más nos vale tener las manos en los bolsillos o dedicarnos a jugar a los boliches. 
Yo no soy periodista. Y en tiempo pasados he cometido muchos de los errores que aquí describo, de manera que no hablo como un profesional, sino desde el punto de vista de la experiencia, ya que tres libros y una película hasta el momento, me han dado para mucho y de las bofetadas que he recibido de la vida es de donde ha sacado los mejores aprendizajes. Es por ello entre otros motivos, por los que en este blog, no me suelo meter a criticar la actualidad o a opinar a la ligera sobre ciertos temas, como hace mucha gente, porque no cuento con los dones adecuados, en lugar de ello, la mayor parte de las veces, cuelgo cosas que están en mis libros publicados y que por lo tanto han pasado ciertos cortes de calidad y credulidad. Por que antes que autor, fui consumidor y como tal siempre me gustó conocer la veracidad de los productos consumidos. ¡Y es que la formación está para algo y un servidor no puede querer hablar de un contenido que requiere de unos conocimientos superiores, de unos estudios, cuando carece de ellos y sabiendo que hay muchas personas que sí se han formado, a las que intentamos suplantar, con las que intentamos competir y a los que dañamos sin justificación, por mero egoísmo, por creernos aquello que no somos. Por este motivo, creo que la mayor parte de las cosas que expresamos o colgamos en la Red, no deberíamos haberlas expuesto, y que el mundo estaría mejor sin ellas. ¡Júzgamos y prejúzgamos! y luego nos lanzamos las manos a la cabeza, cuando a destiempo nos percatamos de lo errados que obramos. Si es que nos damos cuenta de ello, porque muchas veces no es el caso. 
De manera que ya va siendo hora de que nos pongamos serios y nos dediquemos a hacer aquellas cosas que dominamos con nobleza. Que cualquier cosa que publiquemos en la red sea verificable, honesta e interesante a los demás, la elaboremos con cuidado, corrección y manteniendo siempre las buenas formas. No engañando a nadie con falsas informaciones, dejando claro si somos o no expertos en el tema, dejando claro si el contenido es para todo el mundo o sólo para ciertos sectores de la sociedad, aunque una vez sea publicado ya no vamos a poder controlar a quien llega a un 100% y si es posible sin abarcar temas o contenidos sin ton ni son, para que seamos identificados con unas ciertas posturas, sociales, ideológicas... que sean inamovibles, de tal forma que nuestro trabajo adquiera coherencia y la gente que nos siga, tenga claro por que lo hace, que cuente con unas garantías de calidad, periodicidad y que no encuentre saltos en nuestra labor que les lleve a la duda acerca de nuestra persona. "Yo no deseo engañar a nadie, como tampoco deseo ser engañado por los demás."  Y quien esto escribe, deja claro que no es un profesional, aunque sí un apasionado de las letras, la cultura, la ciencia y el buen hacer...

DON QUIJANO O LA SACRA LOCURA

Hablas acicaladas entre bellos anhelos, mutan en nanas arias en mis tímpanos hinchiendo mi alma de beatos deseos, emborrachándome...