lunes, 11 de noviembre de 2013

TRABAJAR EN EL PARAÍSO (3)



En mi más modesta opinión un paraíso no es un lugar, tampoco es un espacio temporal, sino que es ante todo un estado emocional. Este estado bien marcado por la felicidad, por los instantes en los que uno se siente completamente a gusto tanto con su persona, como con el universo que lo envuelve. Son los momentos en los que todos tenemos nuestro ser en un perfecto estado de equilibrio. Dentro del tema del empleo o el trabajo, el equilibrio se encuentra cuando una persona consigue que alguna de sus vocaciones, si es posible la que más le llene, pueda utilizarla como principal ocupación, o lo que es lo mismo, para ganarse con ello el pan de una manera digna. En el artículo de hoy voy a tratar una de las actividades que junto con el cine y la literatura, más horas de felicidad ha dado a mi vida, El Ajedrez. Se trata de una disciplina a la que le debo mucho, por un lado porque me apasiona, me mantiene mentalmente en forma y por otro porque gracias a su ejercicio he conseguido integrarme mejor en la sociedad. Es por consiguiente, también el único deporte donde puedo competir con otras personas sin una discapacidad física en igualdad de condiciones, por lo que considero que ha traído a mi vida una democracia absoluta. De todos modos, yo no tengo un superdotado para este tipo de cosas, pero tampoco me importa, porque hace tiempo que con esta actividad me marqué otro tipo de objetivos, considero mucho más importantes.

El primero de ello, intentar mantener en forma ese músculo llamado cerebro, logrando que se mantenga siempre alerta, que adquiere nuevos datos y de esta manera evitar así su progresiva oxidación. El segundo es que se trata de una actividad que me ha permitido integrarme socialmente, conocer gente dispar con la que he ampliado mis relaciones humanas, algo que siempre nos lleva a crecer como personas, sobre todo si sabes escoger a la buena gente, que aunque parezca mentira, todavía queda mucha buena en el mundo. Y por último y como ya anuncié más arriba poder competir con otras personas, la mayoría sin una discapacidad aparente en igualdad de condiciones, llegando incluso a jugar mejor que ellos y a ganarles el envite.

Pero como dije antes, lo de menos es que gane o pierda, sino el tener la oportunidad de expresarme sobre el tablero. Después de todo considero que mi juego es un reflejo de mi persona, de mis temperamentos y de mis inquietudes y sobre todo una manera sana de eliminar toda esa agresividad que llevo por dentro. Por que sí, soy un jugador al que le gusta la fiesta, arriesgar, que detesta el juego posicional, que lo busca es incendiar el tablero, llevar las partidas al límite y si es posible masacrar a mi rival. En ese sentido el ajedrez se convierte para mí en una especie de combate de boxeo, de resistencia y agresividad donde se suele llevar la victoria el que mejor pega y al mismo tiempo sabe como encajar los golpes, de forma que reciba el menor desgaste posible. Soy un mal perdedor, lo reconozco,a mí solamente la victoria me hace feliz cuando se trata de ajedrez, de manera que las derrotas me suelen llevar a fuertes estados de depresión, a sentirme mal conmigo mismo por no haber sido capaz de mantenerme a la altura de las circunstancias, sencillamente por no haber jugado mejor que mi rival.

De todos modos, desde hace unos años, lo que más me atrae ya no es jugar, sino mantenerme ligado a esta actividad de otras formas, como organizando eventos, interesándome por toda la cultura que rodea a este deporte y si es posible jugando torneos solidarios. Por ello me gustaría que mi futuro en este mundo de los 64 escaques no fuese como jugador, sino como monitor, árbitro, o simplemente ayudando a llevar un Club o trabajando de manera voluntaria en la organización de eventos. Una vez más, no pido dinero, no es lo importante, pido que me confíen aquellos que me conocen, más responsabilidades, que me permitan mostrarle mis conocimientos, compartir mis inquietudes y dejarme eso que tanto me apasiona, como es dedicar parte de mi insignificante vida al apasionante mundo del ajedrez, no sólo jugando sino formando parte de los pilares que consiguen mantener este mundo en pie. Soy una persona, inquieta, llena de ideas que desea sacar a flote, mucha de ellas relacionadas con este deporte y estaré encantado de compartirlas con los demás.

DON QUIJANO O LA SACRA LOCURA

Hablas acicaladas entre bellos anhelos, mutan en nanas arias en mis tímpanos hinchiendo mi alma de beatos deseos, emborrachándome...