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SEÑALES SIGNIFICATIVAS

Desde hace tiempo, mi cuerpo me está mandando unas señales significativas a base de dolores y perdidas de agilidad como muestra de que los años pasan para todos por igual, que la vejez es una vecina que se acerca cada día más a ti, que trata de acariciarte como si fuese una nueva amiga, cuando lo único que tiene en mente es desmostrarte de que eres tan mortal como los demás, y cada vez nos va quedando menos tiempo, puede ser mucho todavía, o puede que la muerte esté a la vuelta de la esquina, o algo pero, si es que lo hay, puede que el dolor permanente, una  agilidad que va menguando cada día que pasa se acomoden en tu cuerpo. A unos les vienen antes los achaques, a otros más tarde. La esperanza de vida aumenta cada década, pero ello no nos asegura la vejez, pues el azar, también participa en nuestra vida, en ocasiones de una manera muy caprichosa. Respecto a los designios divinos, bueno, creo que hace mucho tiempo que Dios dejó de intervenir en esta realidad que nos rodea a todos, así como en  ocasiones pienso, aunque sea una blafemia, que es posible que hasta ese ser creador, fuese también mortal y haga ya mucho tiempo que halla dejado de respirar. De todos modos, creyentes y ateos, incluso en los momentos más duros de nuestro andar por el mundo, seguimos abrazándonos a sus poderes, cuando toda realidad coherente ha abandonado nuestra existencia. Un eventualiadad, por otra parte, insignificante en la inmensidad y complegidad del universo. Por que en el fondo no somos más que un grupo de átomos enlazados que vagamos y pensamos, con capacidad para reconocernos en el espejo y por lo tanto, para ser conscientes de nuestra existencia y de que ésta tendrá un final, en el que solamente quedara de nosotros una muestra de polvo en la tierra. El alma está en nuestro cerebro, dice entre otros, Eduardo Punset, tiene de vida lo que dure el órgano que la sostiene, soñar con un alma perecedera al cuerpo, no es más que un auto engaño, para asumir mejor la inevitable muerte. 

Lo único que puedo decir con total seguridad es que los últimos meses, han pasado fuertes facturas a mi cuerpo, con dolores de cuello y espalda, cada vez tengo más dificultad para caminar, e incluso en los últimos tiempos, los temblores musculares y una cojera que va y viene parece que se han vuelto compañeras inseparables en mi caminar por la vida. Es entonces, cuando uno empieza a mirar para atrás, a ver a los que se encuentran en peor situación, a ver las verdaderas penalidades de la existencia y de paso, también a valorar la suerte que tuvo hasta el momento, las cosas que puedo hacer, las experiencias imborrables de su vida, guardadas en los pequeños detalles, en los momentos memorables que ya no volverán. Sí, me estoy haciendo viejo y eso me asusta mucho, me hace pensar en la duración y caducidad del cuerpo, de sus células mutadas en cánceres, de los fallos cardiacos y demás cosas, en las que uno no piensa en su juventud, al menos en la mayoría de los casos. Porque también los hay extremos pesimistas como el mío, donde el miedo incontrolado a la muerte me acompaña desde mi más tierna adolescencia. Sí me veo viejo y al mismo tiempo considero que aun me quedan muchas que hacer en la vida y me gustaría poder llevarlas a cabo. Esa novela que me queda por escribir, esa vida de pareja que no he podido disfrutar hasta el momento, o esa segunda película que me gustaría realizar. ¿Me dejará el destino cumplir con alguno de estos sueños deseados? No lo sé, son cosas que nadie puede saber, que forma parte las sorpresas que nos aportan el día a día.

Yo no creo en las premoniciones, pero reconozco que lo que le sucede en parte al principal personaje de mi nueva obra, la cual no voy a desvelar por el ahora, parace una metáfora adelantada de lo que yo estoy empezando a sentir en este momento. Como si de alguna manera estuviese escribiendo, sin saberlo, el guión de mi futuro cercano, algo que me entristece, y me lleva a pensar que mi alma tenga algo de gafe, que mis miedos y mis ideas pesimistas, estén ganándome la guerra y que el inevitable fin se aproxima. ¡Ojalá, me muestre equivocado! y la vida me reparé todavía muchos instantes de felicidad, pero en cualquier caso hace mucho que empecé a apreciar el valor del tiempo, del instante, de la experiencia, que uno do debe aferrarse a lo material, ni a realizar grandes planes de futuro, porque la vida es algo incontrolable, pequeñas fotos que el tiempo realiza a cada instante y que no da segundas oportunidades. De manera, que o disfrutas de lo que tienes, o abandonas el mundo sin haber exprimido su jugo. 

J.Sergio González Rodríguez

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