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SI NARRASE UNA PARTE DE MI VIDA

¡Tengo una noticia fabulosa, al menos para mí!, y espero que también lo sea para mis seguidores. Durante la semana pasada he terminado de escribir mi último libro; el cual lleva por título Herrantes. Sólo voy a decir que se trata de mi primer cuento y que está dirigido a todo el público. En el mismo trato temas como la discapacidad, la evolución humana y de alguna manera, los orígenes de la Empatía. Se trata de mi cuarto libro y de un proyecto especialmente ambicioso, pues a través del mismo quiero comprobar si realmente tengo cualidades como narrador.  Algo especialmente importante para mí; voy a intentar explicar el porqué de esa importancia:

Si bien es cierto que me di a conocer en el mundo literario, aunque sea a nivel local, a través de la poesía, o de la rima, porque llamar poesía mis versos es ser muy poco modesto y contar con una gran falta de auto-crítica, también lo es, que en mis fueros internos yo siempre quise ser narrador. Creo que en el mundo literario, como en todas las cosas de la vida uno tiene que ir despacio, saboreando el momento y si es posible sin una ambición desmedida. Soy consciente de que por ahora al menos, no me encuentro capacitado para escribir un ensayo o una novela de grandes dimensiones; todo se andará a su debido tiempo y que si deseo mejorar como escritor debo ir despacio. De todos modos, soy realista y por lo tanto no aspiro a ser un Camilo José Cela, ni nada por el estilo; lo único que deseo es poder expresarme, sacar aquello que anida en mi interior y compartirlo con los demás.

Creo que cada libro que escribo es, de alguna manera como si narrase una parte de mi vida. Como una biografía contada a través de metáfora. Lo que pasa es que no se trata de narrar mi día a día físico por estos caminos de Dios, sino que se trata de una  radiografía de mi interior, de tal manera que cada libro representa, como debido a mi estado de ánimo, mi nivel social o económico, etc, se encuentra en un momento dado. Cada obra es distinta a las anteriores, entre otros motivos, porque yo tampoco soy el mismo. Ni siquiera soy la misma persona que era ayer. Todas nuestras células se mantienen en constante renovación, por lo tanto nuestros pensamientos, sueños o formas de ver la vida... por poner algunos ejemplos, tampoco son los mismos. De cualquier modo, como he dicho antes todas las obras, tratan temas que de alguna manera afectan o me han afectado en el pasado. Y uno de los dilemas morales que más nos afectan, o al menos ese es mi caso, es la aceptación de uno mismo, con sus circunstancias que lo rodean y el mundo que le ha tocado vivir. En mi caso, aceptar mi discapacidad, es algo que no llevo nada bien, a pesar de que lleva toda la vida conmigo y de que cuento con más capacidades que incapacidades, al final, las segundas siempre acaban haciendo en mí más hincapié que las primeras. Y mi último libro creo que en el fondo, trata de eso, de la aceptación de la realidad, de como la vida nos pone a prueba a cada instante y en consecuencia, nos deja solamente dos opciones, o aceptarla tal como viene y adaptarnos a sus caprichos o a condenarnos a la extinción, sino física, al menos sí moral. Dicen que en esta vida cada cual aguanta su vela, o lo que es similar, carga con su cruz, como hizo Cristo en otro tiempo, pero no todo el mundo tiene la misma fortaleza para aguantar el peso de la vida y en ocasiones, la falta de ilusión y fe en uno mismo, hace que nuestras vidas caminen por la calle de la amargura.

En los últimos años, mi vida ha salido del camino de la Fe, pasando por muchas fases de pensamientos, ateísmo, ser agnóstico, Taoísta, etc. Buscando aquella filosofía que de fuerza a mi vida. La meditación, el Budismo... pero en ninguna parezco encontrar mi sitio. Al final a uno le queda la ciencia, pero ésta tampoco me consuela lo suficiente. De manera que uno tiene que seguir buscando, la fe, la felicidad, su lugar en el mundo, a Dios... Un buen trabajo, una formación, las aficiones adecuadas a sus posibilidades, agarrarse a todo aquello que le sirva de apoyo para aceptar su realidad. Empecé el texto hablando de la empatía, porque me parece muy importante ponerse de vez en cuando en el lugar del prójimo, darte cuenta, de que sí hay gente que tiene más que tú, pero que hay mucha más que tiene menos, pensar en estos últimos, es lo que te da fuerzas para seguir adelante, quererte y aceptarte en la medida de lo posible, siendo conscientes de que la vida no te va a dar segundas oportunidades y que está en tu mano caminar por ella con orgullo y con una sonrisa por bandera o malgastar tu tiempo en lamentos que no llevan a ninguna parte. Lo que está claro es que la vida perfecta no existe y que la felicidad no se encuentra en la meta, sino en el camino que tomamos hasta la misma.

Con todo esto, lo único que quiero decir, es que ser felices o infelices es algo que está de nuestra mano, pues somos nosotros los que tenemos que empezar a valorar nuestras virtudes, encontrar los remedios que nos activen la felicidad y dejar de pensar solamente en aquello que la vida nos ha arrebatado, para empezar a ver que es aquello que nosotros le podemos sacar nuestro beneficio. La felicidad es el mayor tesoro que podemos tener, para ello debemos perderle el miedo a la vida y darle la espala a la auto-compasión, para dar un paso al frente, hacernos un hueco en la vida y defenderlo a capa y espada. La muerte no nos la quita nadie, ni Dios siquiera, pero lo que nos llevemos de esta vida es algo que solamente depende de nosotros mismos.

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