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EXODUS: DIOSES Y REYES

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¿Es Dios un niño caprichoso en busca de venganza?, ¿ O simplemente alguien que decidió salvar al pueblo Hebreo?, ¿Disfrutó Dios con la destrucción de Egipto?, y sobre todo, ¿Necesita un Dios regodearse de su poder ante los hombres?

Estas son alguna de la preguntas que me vinieron a la cabeza, nada más salir del cine, tras ver EXODUS: DIOSES Y REYES, la última película de Ridley Scott, supongo que en un intento de revivir el éxito de Gladiator. Algo que no tengo claro que vaya a conseguir, pero bueno, no adelantemos acontecimientos y centrémonos en la película.

Exodus es una cinta que cumple con su cometido, entretener de principio a fin, a pesar de contar una historia conocida por todos, pero que como todas los grandes relatos, reales o ficticios, nunca nos cansamos de revisar una y otra vez. En cualquier caso su predecesora LOS DIEZ MANDAMIENTOS (1956), que dirigió Cecil B. de Mille, queda  ya muy lejana y es posible que las nuevas generaciones, que son las que van a ir a ver este Blockbuster, seguramente no hallan escuchado hablar de aquella joya, y lo único que van es a ir a ver unos grandes efectos especiales y  las buenas escenas de acción, dejando la calidad de la trama y la veracidad de las interpretaciones.

De la veracidad de la historia no podemos hablar, pues como la mayor parte de estas cintas se basan en textos Bíblicos, son de dudosa credibilidad, pero sobre ellos, se sostienen las mayores religiones del mundo. De manera que nos vamos a centrar en decir, que los guionistas consiguen, en colaboración con el director, de crear una entretenida cinta de aventuras, con la que uno puede pasar una tarde entre amigos y palomitas. Con la casi certeza de no haber tirado el dinero.

Antes de ver la película, me mente no paraba de barrenar en algunas de las cuestiones claves de la historia, de las que hablo a continuación:

La primera es como iban a representar al Dios Hebreo, donde me sorprendió que fuese a través de un niño rencoroso, que consigue que Moisés sea colaborar de sus devastadoras astucias varias, con los que trata de obligar al pueblo Egipcio, a soltar dicho pueblo. Moisés pasa a convertirse de esta forma en un héroe a la la fuerza, destinado a "salvar el mundo." En este sentido la historia sigue los pasos de cualquier película del género, no me refiero al histórico, sino al fantástico, que suele hacer la delicias del espectador poco exigente.  Desde luego Dios, aquí, no tiene pinta de bondadoso, en realidad, se trata de más bien de una cuestión de egos, entre él y un emperador que también sueña con ser un Dios. Un reto, que tiene como premio, el poder sobre un pueblo, que ha de pasar de un dueño a otro como si de mera mercancía se tratase. Y un Moisés que trata de tirar del mismo a base de promesas, salidas más de la ilusión que de la realidad. Como en toda cinta de aventuras de este tipo, hay combates, persecuciones, chica de la película y victimas inocentes a las que salvar. Entretenimiento puro.

La otras dos cuestiones que tenía por curiosidad de conocer, era como iban a tratar el tema de las plagas, así como el paso a través del Mar Muerto. Nueva mente el Señor Scott logró sorprenderme, en el primer caso porque parece que el director nos quiere convencer de que puede haber una explicación natural de los mismos, como si no llegase con el asesor del faraón. Aunque cuando se tratar de la muerte de los primogénitos tenga que inventarse a un espíritu que va sobrevolando la ciudad y matando solamente a quien debe. Y como no, el paso a través del Mar, donde en lugar de abrir las aguas en plan puerta del tiempo, apuesta, "por algo más normal", como una bajada del nivel del mar, aunque las olas gigantes que lo cierran, nuevamente se me hace demasiado espectacular. ¿No podía subir el nivel del aguan sin más miramientos?, supongo que no, después de todo el cine es ilusión.

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