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Nota de Prensa sobre Errantes




Errantes

PALABRAS BONITAS que ilustran un bello concepto como la inclusión social. Desde hace muchos años se aspiró a pisar las cumbres de la normalidad sin conseguirlo. Era tan solo un sueño desbordante de utopía. Se trataba de personas con discapacidad exigiendo, con enorme tesón, que la sociedad huyese de la marginalidad o la exclusión. Manidas reivindicaciones que fueron interpretadas como gritos en medio de un inhóspito desierto. Pero dicen que la perseverancia es una de las mejores fórmulas para alcanzar las metas más insospechadas. Ese puede ser el caso de Sergio González. Un buen amigo que ha decidido ser uno de esos referentes ‘Errantes’ (título de su nueva obra) por el universo de los imposibles. En su haber suma ya cuatro libros de bella factura. Y, en su último trabajo, entre otras cosas, cuestiona por qué no hemos sido capaces de reintegrar a las personas mayores con discapacidad. Además, se hace esta pregunta situándonos en un lejano contexto. Ubicado en la época prehistórica nos recuerda que todavía tenemos pendiente un asunto milenario. Una de esas herencias genéticas que la evolución humana no ha conseguido responder de forma adecuada, con y sin discapacidad. Mientras tanto, nuestros mayores siguen atrapados en las arenas movedizas de la más absoluta indiferencia ante una sociedad que solo venera la tersa piel de la juventud.

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LOS DIOSES AÑEJOS DE AYER

Se me han despintado los tonos de la firmeza entre ideales oxidados por el paso del tiempo, fui conquistado por una patria sin medianera, que enamoró mi alma deseosa de sentimiento.
Perdí entre las moradas de escombros rancios, los hilos que ataban mi esperanza a lo eterno, extravié mi fervor por los dioses añejos de ayer que de sumisión emperifollaron a mis ancestros.
Puse rumbo por los océanos de la incertidumbre, apremiando esa estela que nos heredan los sabios, descifré entre líneas la veracidad de sus parábolas, trocando toda mi ignorancia en un saber caudaloso.
Seguí los vientos que navegaban hacia el frío blanco, para ver si entre las profundidades de su rocoso hielo, hallaba un núcleo candente que alimentase la razón,
y dejándome cautivar por su maná, matase mi llanto.
José Sergio González Rodríguez.

DECREPITUD

La decrepitud viste de coraza
y cabalga hacia mi cada día
ansiando clavarme su lanza
hasta ahogarme en mi víspera.

La vida recela de mi dicha, mientras velo por mi amada, nuestra unión fue bendecida, sin llevar una carga pesada.
Yo la increpo adornando mi ira, mi mano la niega en bocanada, ¡Es que no acepta ser derrotada! Pues ese el final de toda victoria.
Por seguro en esta vida le sugiero no dar nada.

SE LLAMA VULVA

El idioma castellano es algo muy hermoso, como también lo es la anatomía humana en su conjunto. Ya he comentado en esta sección, durante un articulo que escribí en defensa del nudismo, que la maldad se encuentra en la mirada ajena. Todo el cuerpo, de pies a cabeza merece el máximo respeto y en ningún caso me parece motivo de vergüenza. Respecto al idioma, creo que todos y sobre todo el nuestro se encuentra plagado de palabras hermosas, muchas de las cuales se han dedicado al nombramiento de cada una de las partes del cuerpo; riñón, hígado, ojo... bueno creo que la lista es demasiado larga como para exponerla aquí. El problema es que cuando nos referimos a los órganos sexuales, nos encontramos con un montón de sinónimos absurdos y mal sonantes, con los que nos referimos a ellos, de manera constante; en lugar de Pene (Polla, Falo), en lugar de Testículos ( Huevos, Cojones...), todo esto en lo que al hombre se refiere, porque, cuando hablamos del sexo de la mujer, tampoco nos quedamos at…