lunes, 29 de febrero de 2016

ESO SÍ QUE ES TENER DOS COJONES


Juan Manuel Montilla "El Langui".

El grandioso poder de la fama es indiscutible. Y estos días lo hemos comprobado en la ciudad de Madrid. Durante siglos las personas con movilidad reducida las han pasado putas a la hora de realizar sus actividades vitales, por culpa de las enormes barreras físicas que los rodean. Personas que por tener que una discapacidad severa y tener que utilizar una silla de ruedas,  se ven imposibilitadas para poder acceder a los transportes públicos. Por poner un ejemplo. Ya que es muy complicado encontrar un vehículo de estas características que cuente con las adaptaciones adecuadas, como puede ser una rampa elevadora o una plaza reservada en el interior. De todos modos, incluso algunos que se encuentran adaptados a las viejas sillas, no cuentan con unas plazas lo suficientemente grande, como para ubicar en su interior un Scooter, una variante de las sillas, para las personas con una discapacidad motora más leve, que les permite desplazarse grandes distancias, algo que de otra manera no pueden hacer. Y es que nadie tiene una discapacidad por gusto, a nadie le atrae la idea de encontrarse impedido para poder llevar a cabo una parte de sus rutinas, si no cuenta con la ayuda de las nuevas tecnologías o de terceras personas para lograr su objetivo. 

Hace unos días el actor y cantante Juan Manuel Montilla “El Langui”, conocido por la serie  de televisión “El Chiringuito de Pepe”, tomó la iniciativa de declararse en acto de rebeldía y ponerse a bloquear autobuses, en protesta por no poder subir su Scooter, cuando me enteré de la noticia, me quedé realmente sorprendido a la vez que me dije “Eso sí que es tener dos cojones”.  A los pocos días, llegó a mi correo electrónico, una solicitud para que apoyase dicha causa, algo que a pesar de que me parecía una “Misión Imposible”, motivos más que suficiente para firmarla, pues sentía mucha curiosidad por saber cómo iba a terminar todo el asunto. Fue muy grato enterarme ayer por las redes sociales, que el hombre consiguiera su objetivo. Pero al mismo tiempo, surgió en mi corazón una desilusión muy profunda, pues me di cuenta, una vez más, de que tienes que ser famoso para que tu palabra tenga valor. Que las necesidades de los anónimos “Valen una mierda.” ¿A caso las vidas anónimas no valen nada?, pues eso parece. Pues seguramente, si lo que hizo El Langui, lo hiciese un anónimo, probablemente los medios, no le diesen el mismo bombo, las autoridades zanjarían la protesta en menos de lo que dura un vals y aunque la noticia subiese a las redes sociales, con el paso de las horas, todo quedaría en una anécdota.

Desde aquí quiero darle las gracias a Juan Manuel Montilla, porque gracias a su acto de insumisión, las personas dependientes tendrán un mejor acceso al transporte público de Madrid, pero… ¿Qué pasa con el resto de las ciudades?, ¿Cuándo vamos a salir todos las personas dependientes, para solicitar más medidas sociales que mejoren con  creces nuestra calidad de vida? Soy consciente de que resulta más cómodo quedarse en casa tocándose los huevos, mientras esperamos a que sean otros, los que salgan a dar la cara. Que es muy fácil dejarse llevar cada cuatro años por las promesas de los políticos de turno, que con el tiempo, caerán en el olvido, bueno, hasta que vuelva a haber elecciones. También podemos dirigirnos a los diferentes Organismos del Estado y pasearnos de ventanilla en ventanilla, mientras con una sonrisa en la cara nos mandan “a tomar por el culo”. Bueno, seguramente nos lo dirán de forma más cortes, como - ¡Hay lo siento mucho, aquí no le podemos ayudar, pruebe en…! Y así de un lado para otro, a ver si nos cansamos y nos vamos para casa a ver el ¡Sálvame Delúx! 

A ver cuando nos damos cuenta, que si queremos algo en la sociedad en la que vivimos, por poco que sea lo que necesitamos, o nos partimos la jeta en el intento o ni Dios nos va a hacer caso.  ¡Gracias Juan Manuel Montilla, por la lección!
José Sergio González Rodríguez.

DON QUIJANO O LA SACRA LOCURA

Hablas acicaladas entre bellos anhelos, mutan en nanas arias en mis tímpanos hinchiendo mi alma de beatos deseos, emborrachándome...