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PLACERES DE LA VIDA

 III
Malos Vicios
"Gula"
Uno de los vicios más arraigados en el ser humano, es el poseer el insaciable placer por la comida, Los Siete Pecados Capitales, llaman a este mal, "La Gula" o vicio por comer convilsivamente. Las ansias por comer es algo en el que caemos todos, unos más otros menos. Cuando tenemos ante nuestros ojos algo que nos gusta, es muy complicado que no nos dejemos llevar. Desde el punto de vista más personal, padezco una insaciable pasión por el chocolate, por la buena comida, y tengo la insana costumbre de llenar los platos a rebosar. A la hora de comer soy un verdadero pecador, pero en el fondo me siento orgullos de ello. Esos buenos bocadillos a la hora de la cena, esos bollos que me ponen con el café en los bares, o esas chocolatinas en los Stans de las tiendas de gominolas, son mi verdadera perdición. En este sentido siento por los dulces los que otros por el tabaco o el alcohol... consecuencia de ello es un abdomen cada vez más voluminoso.
 
"Son los pequeños placeres de la vida", - Me digo. Con la intención de apaciguar mis remordimientos, también añado frases típicas como "Mañana me pongo en serio con la dieta". Pero en el fondo soy plenamente consciente de que no va a ser así, pues para lograr dicho objetivo hay que tener algo en grandes cantidades, de lo que carezco, fuerza de voluntad. Por ello, durante la semana, al mediodía, aprovechando que uso el servicio de comedor de un centro de día, aprovecho para solicitar el menú hipocalórico con la intención de compensar malamente los excesos del resto de la jornada. Hay épocas en las que como hace todo el mundo alguna vez, decido apuntarme al gimnasio, con la intención de que un poco de deporte  me ayude a compensar los excesos de ingesta alimenticia. También trato de caminar bastante u otras cosas similares, pero una vez más al poco tiempo termino por desistir, acosado por otro de los Males Capitales. La Pereza: ese otro mal que sumado a las ansias por comer, hace que nuestro colesterol se dispare, nuestro azucar suba y nuestras posibilidades de enfermar gravemente o incluso morir de un infarto se multipliquen de manera considerable. Una vez más, sin enfermo, la Seguridad Social que mantienen todos los Españoles, deberá atenderme y costear los gastos y medios de mi tratamiento. ¿Debo ser penalizado por ello?, ¿Debería ser multado como el conductor que es parado por exceso de velocidad?, ¿Tengo derecho a seguir cebándome con bollos, lacones y demás despropósitos?, en mi más sincera opinión, sí. 

Como es lógico, cuando la salud me dé un varapalo, supongo que me enfadaré o como mínimo lamentaré no haberme cuidado un poco más... Y será entonces cuando los más allegados, aquellos que más se preocupan por uno, me suelten frases como "Te avisé", o "Esa boquita..." Entonces miraré al cielo, mientras exclamo "¿Por qué a mí?". Es lógico, si tenemos en cuenta que no deseo morir y que tampoco tengo ganas de enfermar. Pero claro, como a la mayor parte de los humanos, estas preguntas ni siquiera se me pasan por la cabeza cada vez que tengo delante mía uno de esos manjares que me gustan tanto. Soy un pecador. Pero que le voy a hacer... este hecho forma parte de mi propia naturaleza.

Muchas veces me digo a mí mismo: "No bebo, no fumo...¿Tampoco puedo comer?, ¿Porqué los grandes placeres de la vida tienen que ser malos para la salud?, ¿A caso no puedo tener ningún capricho?... Entoces me convezco a mí mismo pensando en cosas como que también puedo matarme en una accidente o de mil y unas formas. Pues una de las pocas cosas que tengo claro y considero sabemos todos, es que "Nadie se va a quedar aquí etermente y que para dos días que vamos a pasar en la tierra, no merece demasiado la pena escatimar demasiado a la hora de disfrutar de los pequeños placeres con los que contamos para pasar nuestro tiempo".
"Señor... peco de gula, pero no tengo fuerza de voluntad para enderezarme". 

Todo esto viene a cuento porque la Semana Santa así como los 40 días precedentes, son tiempo de astiencia. Un tiempo donde uno debe absatenerse en comida y otros placeres. Donde todos los viernes de cuaresma no se debe comer carne, según la tradición Cristiana; decir que este año no quise cumplir tales preceptos. De manera que el pecado de la gula se incrementó. Y es que el fondo me parece absurdo que cumplamos con esta tradición cuando no respetamos a nuestros semejantes, juzgamos y condenamos al prójimo cuando nosotros mismo no vamos por el buen camino. Y sobre todo porque considero que hay mejores maneras de adorar al Señor, como puede ser compartir nuestras riquezas con los más necesitados o NO cometer actos violentos contra nuestros semejantes. De nada sirve unas horas de penitencia, si el resto del tiempo, lo pasamos haciendo el mal por el mundo a todos los que nos rodean.

(Y hasta aquí la nueva entrega de los vicios humanos).
Seguirá...
 

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