miércoles, 8 de abril de 2026

CARTA A UN AMIGO AUSENTE


   


    Me encuentro viviendo la Semana Santa más triste en años. Pues a la celebración anual de este ritual cristiano, yo debo sumar la pérdida de una persona que marcó un antes y un después en mi vida. Es por ello que estos días, mientras me cruzo con pasos religiosos y demás oficios, no puedo dejar de pensar en el fallecimiento de mi buen amigo, Ramón Antonio Pérez Poza.

Mi amigo, era un ser único. Como todos los somos en alguna manera. Fue una persona que desde que comencé a tener una relación con él, siempre me produjo una gran inspiración, era alguien entrañable, cordial, un ser humano de una valía pasmosa, que sin duda alguna dejo una profunda pisada en mi biografía. Alguien, con quien perpetuamente me encontraré de alguna forma, en deuda.

 Ramón, no fue solo un amigo. Fue también mi primer maestro y mentor como ajedrecista. Alguien que no dudó en poner todo lo que estaba de su mano, su saber, tiempo y dedicación, para que una persona con Parálisis Cerebral, como es mi caso, se integrase de manera plena en el mundo del ajedrez.

Era un gran amante de la paz, formal y con un gran sentido del humor, pero también, alguien libre, en el más amplio sentido de la palabra. Debo reconocer que, al principio me costaba seguirle, algunas de sus ideas me parecían algo descabelladas, pero con el pasar de los años, mi experiencia de vida le ha ido dando la razón. Al menos, en la mayor parte de las cosas. ¿Cómo hubiesen sido los últimos treinta años de mi vida si nuestros caminos no se hubiesen cruzado?, no lo sé. Pero tengo claro que muy diferente. El ajedrez, desde que entré a formar parte del Club Kárpov, siempre fue a más, ha sido como una brújula que siempre me marcó el camino a seguir. Eso sí… Siempre con Ramón como intermediario, siguiendo sus consejos, participando en aquellas competiciones que él me aconsejaba. Me enseñó mucho sobre ajedrez, pero también me enseñó el camino y muchas herramientas que me hicieron evolucionar como persona. Fue también en este club, donde comencé a conocer a otros jugadores, a fomentar el compañerismo y a sentirme parte de una nueva familia, la del ajedrez. Comencé a jugar ligas, torneos, zonales, internacionales… al principio tenía mucho miedo, temía el rechazo social y el fracaso como jugador, pero con la mano de Ramón siempre sobre mí, fui venciendo todos estos obstáculos y aun hoy, es el día que sigo sus consejos, no solo en el tablero, sino también, fuera de él.

 Pero el apoyo de Ramón, su sombra sobre mi figura, no se limitó al mundo de los 64 escaques, sino que fue crucial en otros muchos aspectos de mi desarrollo tanto humano como profesional. Ya por aquellos tiempos, que ahora parecen tan lejanos, mi vida, estaba llena de sueños, anhelos que deseaban salir a relucir y uno de ellos, quizá el más importante (por aquel entonces, al menos), era el de convertirme en escritor. Y ahí, en los comienzos de esta nueva aventura, él, también fue de gran apoyo, aunque fuese indirectamente. Pues fue este gran señor, quien un día me hablo de uno de sus hermanos, Fernando, el cual es poeta y en aquel momento tenía la editorial EL TALLLER DEL POETA, me dijo donde quedaba, me aconsejó que me acercase y hablase con él. Me dije a mí mismo que no perdía nada con ello y así lo hice, dando con otra gran persona que me fue mi llave para que pudiese publicar mi primer libro, el poemario LA VIDA ES BELLA (2006). Aunque supongo que lo que comienza aquí es una nueva aventura, que me merece un capítulo aparte y en algún momento tendré que hacerle un artículo a él. Me gustaría terminar esta nota mandando un fuerte abrazo a toda su familia, a la que siento como parte de mí. Gracias Ramón, mientras viva te llevaré en el corazón.


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