DIARIO 3
Caminar siempre fue una de las facultades humanas que más he valorado y siempre me mostré agradecido por el hecho de que pese a mi discapacidad, tuviese la capacidad de poder desplazarme sobre mis extremidades inferiores. Desde que tengo uso de memoria, he sido un apasionado de las caminatas, sobre el hecho de desplazarme a pie. Pese a los tropiezos, a las caídas... Tras un traspiés solamente queda levantarse y seguir adelante.
Mi mayor hazaña sobre las dos piernas, fue hacer el Camino de Santiago, donde en algunas jornadas llegué a recorrer más de 25 Km a pie. Sin duda uno de los proyectos más ambiciosos de mi vida, que necesitó de mucho trabajo y preparación y del que con el paso del tiempo, me he ido sintiendo cada vez más orgulloso.
Desde que he hecho el Camino, han pasado ya 5 años. ¡Cómo pasa el tiempo! mis condiciones físicas han ido menguando de forma paulatina, y a día de hoy hacer trayectos medianamente largos ( y no hablo de 20 km), sino de uno, supone un gran esfuerzo para mí, hasta el punto de que hay días que no lo consigo. Hace un tiempo que me propuse dar unos 8000 pasos por día, si bien es cierto que en la mayor parte de las veces, los supero sobradamente, también lo es, que hay días, en los que no llego. Algo que genera en mí sufrimiento e impotencia. Son esos momentos en los que uno se percata de una realidad, que por mucho que trate de negarla, es real y no aceptarla, solamente nos va a llevar a golpearnos contra el mismo muro, una y otra vez. En mi caso es que esa realidad me impide tener la misma independencia que antaño.
Hace ya unos siete años que mis padres me compraron una scooter para personas con movilidad reducida, una de mis monitoras siempre me dijo que da impresión de que voy sentado en el carro de los golfistas, lo cual, siempre me hizo demasiada gracia. Pero lo cierto, es que cada vez lo necesito más... que ya no camino igual, que cargar pesos es día a día una tarea más complicada, cuando no imposible. Pese al gimnasio, a los entrenamientos, las sesiones de fisioterapia... cada día me deterioro más, me canso más, tengo más dolor (piernas, espalda, cervicales..), todo empeora y con ello, mis proyectos y mis sueños, se vuelven cada vez más inalcanzables.
¿Qué hacer? ¡No soy capaz de asumir la realidad1, mi realidad. La ansiedad y los dolores no me dejan vivir, no me dejan ser feliz, haciendo de cada día del calendario, un aguacero en mi alma.
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